B. El diagnóstico: la confusión de límites entre familia y empresa
La causa fundamental de los problemas de la empresa familiar es la ausencia de límites claros y objetivados entre familia y empresa, es decir, la confusión entre familia y empresa.
Las vías a través de las que pueden llegar esos problemas son cuatro: la familia, la propiedad, la empresa y el cambio generacional. Veamos cuáles son los errores más frecuentes.
a) En primer lugar, puede –y suele- confundirse la condición de heredero o de socio con la de trabajador en la empresa, de forma que cualquier miembro de la familia se crea con derecho (o se sienta obligado), por el mero hecho de serlo, a trabajar en ella.
Si esta confusión se produce, el resultado puede ser:
1. Que el heredero, por el mero hecho de serlo, se crea con derecho a desempeñar un puesto de trabajo en la empresa, al margen de su capacitación o de que exista o no un puesto vacante en la misma. Es decir, que los miembros de la familia empresaria piensen que su condición de tales, por sí misma, les habilita para ser consejeros y/o directivos o trabajadores de la empresa, olvidando que si bien el patrimonio -la propiedad de la empresa- se hereda, no ocurre lo mismo con la capacidad para ser consejero o directivo o gestor de una empresa. Esta última condición hay que ganársela.
2. Que ese mismo heredero se crea obligado, por su condición de tal, o por presiones de sus padres, a trabajar en la empresa sacrificando otras opciones profesionales que puedan ser más atractivas para él.
3. Que su retribución como trabajador de la empresa, por el hecho de pertenecer a la familia, no se establezca con criterios objetivos de mercado, de forma tal que se le retribuya en exceso -lo que desmotivará a otros trabajadores que ocupen un puesto de trabajo similar y desorientará al familiar afectado-, o que su retribución sea inferior a la que podría percibir en cualquier otra empresa -lo que desmotivará al propio familiar, que estará tentado de trabajar en otro sitio en el que su retribución sea más acorde con sus responsabilidades y su capacidad; o
4. Que, cuando sean varios los herederos que trabajen en la empresa, todos se crean con derecho, no sólo a trabajar en la misma sino también a percibir idéntica retribución, al margen de su capacidad y de su responsabilidad en la empresa.
b) En segundo lugar, puede confundirse la condición de heredero con la de empresario.
En tal caso, suele suceder:
1. Que todos los herederos se crean con derecho a suceder en la gestión de la empresa, es decir, el nuevo líder o gerente de la misma; o
2. Que todos los herederos se crean con derecho a participar, en condiciones de igualdad, en la propiedad de la empresa.
c) En tercer lugar, puede producirse la confusión de cuentas de la empresa con las de la familia.
Si esta situación se produce, puede ocurrir:
1. Que la política de dividendos de la empresa se fije en función de las necesidades de la familia, con olvido de las necesidades de capitalización o financiación de la empresa; o
2. Que se confunda el patrimonio familiar y el empresarial y, como consecuencia de ello, el patrimonio afecto a las actividades empresariales de la empresa (actividades de riesgo por definición) con el patrimonio privado de la familia (que no debería estar sujeto a dichos riesgos).
3. Que la retribución de los miembros de la familia que trabajen en la empresa sea igual para todos, al margen de su responsabilidad en la misma y de su capacitación.
d) En cuarto lugar, y desde el punto de vista de las relaciones entre el empresario y sus hijos pueden producirse discrepancias:
1. Por la designación del sucesor en la gestión de la empresa (lucha por el poder);
2. Por la forma en que el fundador prevea distribuir la propiedad de la empresa (lucha por la propiedad); y
3. Por los criterios empresariales a aplicar para dirigir la empresa durante el período de tiempo en que, normalmente, coincidirán trabajando en ella el fundador y los hijos (aquél puede no apreciar suficientemente el criterio de sus hijos, porque considere que tienen poca experiencia, y éstos pueden hacer lo mismo con el fundador, porque piensen que “está mayor” y se ha quedado desfasado).
e) En quinto lugar, puede producirse una situación bastante frecuente en empresarios familiares: que confundan justicia con equidad.
Esta confusión lleva a que el empresario quiera ser justo con sus hijos por encima de todo, a que crea que justicia equivale a equidad y que, en consecuencia:
1. La retribución de los hijos que trabajen en la empresa sea igual para todos ellos, con independencia de su responsabilidad o funciones en la empresa; o
2. La propiedad de la empresa se distribuya entre sus hijos a partes iguales, con independencia de la actitud de cada uno de ellos ante la empresa, de su capacidad y de que ese reparto igualitario sea o no lo mejor para la continuidad de la empresa.
La realidad es otra: justicia es dar a cada uno lo que le corresponde y equidad es darle lo que se merece. Si bien en la familia ha de imperar –y de hecho suele imperar- la justicia (a todos por igual), en la empresa ha de dominar la equidad (a cada cual según aporte o sus méritos).
f) En sexto lugar, y si nos circunscribimos al ámbito de las relaciones entre el empresario y su cónyuge, podrá suceder que ambos no estén de acuerdo:
1. En la situación de los hijos respecto a la empresa (si entran o no a trabajar en la misma, los requisitos a cumplir para ello, sus responsabilidades profesionales, su retribución, etc.); o
2. En la designación de quién o quiénes hayan de ser los sucesores, tanto en la propiedad de la empresa como en su gestión.
g) Por último, puede suceder que los directivos de la empresa no familiares no acepten al nuevo líder o gerente de la misma, o que sientan agraviados con relación a los miembros de la familia por sus responsabilidades en la empresa o por su retribución, lo que afectará claramente a la dirección de la empresa y a la motivación de sus directivos.
Cuando se confunden los límites entre familia y empresa se originan problemas y tensiones en la familia, que se trasladarán, inevitablemente, a la empresa familiar. El resultado será un alto coste, tanto personal como empresarial, es decir:
- El deterioro de las relaciones personales entre los miembros de la familia (coste personal), y
- La depreciación de las funciones de la Junta General y del Consejo de Administración, a los que se trasladarán las luchas familiares, con los consiguientes problemas en cuanto a la gestión de la empresa (coste empresarial).
Hasta aquí, y de manera muy esquemática, un diagnóstico de los problemas de la empresa familiar. Visto este diagnóstico debemos preguntarnos por qué se llega a esta situación en las empresas familiares, y la respuesta es clara: "ausencia de comunicación". Basta apuntar aquí la idea, que desarrollamos en otro apartado.
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